
El precio del petróleo registró una fuerte caída luego de que los ataques de represalia de Irán contra bases estadounidenses fueran percibidos como menos agresivos de lo esperado, aliviando temporalmente las preocupaciones sobre una interrupción inmediata en los suministros energéticos de Medio Oriente.
El crudo West Texas Intermediate (WTI) se desplomó hasta un 4%, cotizando por debajo de los 72 dólares por barril. Esta reacción se dio tras conocerse que Irán lanzó seis misiles hacia bases estadounidenses en Catar, según información difundida por Axios. A pesar del ataque, no se reportaron daños significativos ni consecuencias inmediatas para el flujo de petróleo en la región.
Inicialmente, los mercados temían una respuesta más severa que incluyera el cierre del estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo. Sin embargo, el impacto fue menor y ayudó a moderar las tensiones en el mercado energético.
A esto se sumó un mensaje del expresidente Donald Trump, quien, en una publicación en redes sociales, advirtió sobre los efectos del alza en los precios del petróleo y pidió al Departamento de Energía aumentar la producción mediante nuevas perforaciones. El actual secretario de Energía, Chris Wright, respondió afirmando: “Estamos en ello”.
Aunque Irán había advertido que habría “consecuencias imperecederas” por los bombardeos estadounidenses contra sus instalaciones nucleares, analistas consideran que la ofensiva fue más simbólica que estratégica. Harry Tchilinguirian, jefe de investigación en Onyx Capital Group, señaló que los ataques fueron cuidadosamente diseñados: “Irán golpeó una base estadounidense vacía, con advertencias previas y sin afectar directamente la infraestructura crítica. Esto le permite mantener su posición sin escalar el conflicto”.
La percepción de una respuesta calculada contribuyó a aliviar parte de la volatilidad en los mercados, aunque persiste la vigilancia sobre los desarrollos en la región.
Fuente: www.bloomberglinea.com | Por Alex Longley y Mia Gindis
